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Trabajar por un mundo mejor

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En la casa de Javier Artigas, en el corazón del Prado, una parte del living se transformó en dormitorio. Es que Javier, 48 años, emprendedor de toda la vida y paciente renal desde 2007, acaba de recibir un transplante. Había esperado más de tres años y perdido, según sus cálculos, 1.872 horas laborables en diálisis. La operación fue un éxito y el alta llegó antes de lo previsto. Todos motivos para festejar.

Durante las próximas seis semanas Javier va a estar allí, en su casa, el mismo lugar donde surgió su último proyecto, el que realmente lo hizo feliz. Ingeniero de profesión, cambió de trabajo y empresa varias veces. Pero la última no fue por elección. Cuando su enfermedad requirió diálisis tres veces por semana, sus jefes en una compañía española de energía eólica le mandaron un mail diciendo: “Hasta acá llegamos, gracias por todo”. Al poco tiempo, durante un viaje de trabajo en Córdoba no se pudo dializar por problemas burocráticos y su vida peligró. A la vuelta, en medio de la mesa familiar, él, su esposa Alejandra y sus hijos empezaron a tirar ideas para evitar que esa situación se volviera a repetir. Así nació Connectus Medical, una plataforma que permite a los pacientes renales acceder a clínicas de hemodiálisis en todo el mundo. “Le pagamos 1.700 dólares a un programador y con eso empezamos”, recuerda. Todo lo que vino después roza lo increíble.

En agosto de 2015 lanzaron una plataforma exclusiva para Uruguay. Un mes después, un premio del MIT generó una “revolución” fabulosa: en una sola semana la web recibió 400.000 visitas. Rápidamente sumó centros en Argentina y Brasil. Hoy tiene 151 países y más de 600 pacientes dializándose de forma simultánea en algún punto del globo. Connectus es rentable porque logra un “precio negociado” con las clínicas y cobra 10% a los pacientes por los gastos de gestión. Pero más que un buen modelo de negocios, para Javier la clave del “gran éxito” es haberse dado cuenta de que hay que trabajar con las emociones. “Somos seres emocionales que razonamos. Somos como edificios, nuestros cimientos son las emociones, si no te preocupás por ellas se te derrumba todo”.

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